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La
recuperación demográfica y económica de la villa
estará unida a la aparición de dos compañías
de ferrocarriles y la instalación de industrias de repuesto.
La Compañía del Ferrocarril
del Cadagua, que data del año 1888, unirá Zorroza
con Balmaseda, con el objeto de facilitar la explotación
del mineral en esta zona. En el año, 1889, se da a conocer
la "Memoria de La Robla". Será en 1890 cuaando
se otorga formalidad jurídica a la sociedad conocida como
"Compañía de F.C. Hullero de La Robla a Valmaseda".
Tiene como objeto, abastecer la siderurgia vasca con las reservas
carboníferas de las cuencas hulleras palentino-leonesas.
Será en Balmaseda, donde se instalarán los talleres
centrales de la línea ferroviaria que iba de Bilbao a La
Robla, tal como aparecen los informes y memorias de finales del
XIX.
Destacan en este periodo, dos industrias
en la villa. La primera de éstas, Boinas La Encartada, se
fundó el 14 de Enero de 1892, por iniciativa de Marcos Arena
y Bermejillo, en colaboración con una sociedad inglesa del
gremio textil. Otra industria destacable fue la fábrica de
muebles de Mariano Murga Tamayo, uno de los pioneros de la industria
del mueble en la villa. Posteriormente, fue su hijo Fabio Murga
Acebal, quién en 1934, fundó una fábrica orientada,
en un primer momento, a electrodos de soldadura, hasta que más
tarde se dedicó a la fundición de granalla, con la
que se dio a conocer a nivel internacional, con el nombre Talleres
Fabio Murga.
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